A Volta dos Nove: la curva de Baiona donde la memoria sigue marcada en la piedra

A Volta dos Nove: la curva de Baiona donde la memoria sigue marcada en la piedra

En la carretera de Baiona hacia A Guarda, en Baredo, nueve cruces recuerdan uno de los episodios más duros de la represión franquista en el Val Miñor.

En la carretera que une Baiona con A Guarda hay una curva que no se recuerda por sus vistas, sino por su memoria. Es la conocida como A Volta dos Nove, un lugar situado en la zona de Baredo, cerca de la enseada de A Bombardeira, donde fueron asesinados nueve hombres durante los primeros meses de la Guerra Civil.

Hoy, ese punto forma parte de la memoria histórica de Baiona y del Val Miñor. Sus nueve cruces recuerdan una historia de represión, silencio y resistencia familiar que todavía conmueve a quien se acerca a conocerla.

Un lugar para visitar con respeto: A Volta dos Nove no es una parada turística convencional. Es un espacio de memoria situado en Baredo, en la carretera de la costa, donde la historia local sigue presente en la piedra.

Qué ocurrió en A Volta dos Nove

La historia se sitúa en la noche del 15 al 16 de octubre de 1936. Nueve hombres fueron sacados de la prisión habilitada en el Frontón de Vigo, donde se encontraban numerosas personas detenidas por su vinculación con la República, el movimiento obrero o las ideas democráticas.

Fueron trasladados hasta las afueras de Baiona, a una curva de la carretera hacia A Guarda. Allí, en Baredo, fueron fusilados. Desde entonces, aquel lugar comenzó a conocerse como A Volta dos Nove: la curva de los nueve.

Una represalia en el Val Miñor

El crimen se enmarca en la represión franquista que golpeó Galicia tras el golpe militar de julio de 1936. En el Val Miñor no hubo frente de guerra, pero sí hubo detenciones, persecuciones, asesinatos y desapariciones.

La Volta dos Nove quedó asociada a una represalia especialmente dura. La memoria oral los recuerda como siete marineros, un labrador y un herrero, símbolo de una Baiona trabajadora que también sufrió la violencia política de aquel tiempo.

Las nueve cruces que siempre volvían

Uno de los elementos más conocidos de esta historia son las nueve cruces. Durante décadas, aparecieron marcadas en el lugar del fusilamiento. Eran borradas, pero volvían a ser dibujadas una y otra vez por personas que no querían permitir que el recuerdo desapareciese.

Ese gesto sencillo convirtió la curva en un espacio de resistencia silenciosa. No hacía falta un gran monumento para mantener viva la memoria: bastaban nueve cruces sobre la piedra y la voluntad de quienes seguían recordando.

Del silencio al espacio memorial

Con el paso del tiempo, A Volta dos Nove dejó de ser solo un recuerdo transmitido en voz baja y pasó a formar parte del patrimonio memorial de Baiona. El lugar cuenta hoy con un espacio de homenaje que ayuda a identificar y explicar lo sucedido.

También se han impulsado trabajos de investigación, actos de recuerdo, obras divulgativas y proyectos culturales, como documentales y publicaciones, que han contribuido a recuperar esta historia para las nuevas generaciones.

La fosa y la recuperación de la memoria

Tras el asesinato, los cuerpos fueron trasladados al cementerio de Baiona. Años después, la historia de A Volta dos Nove también quedó vinculada a los trabajos de recuperación de fosas y a las investigaciones sobre las víctimas de la represión franquista en Galicia.

Estos procesos ayudaron a documentar mejor lo ocurrido y a dar visibilidad pública a una memoria que durante mucho tiempo permaneció en el ámbito familiar, vecinal y militante.

Por qué visitar A Volta dos Nove

Visitar A Volta dos Nove es acercarse a un lugar que exige respeto y pausa. Su valor no está en la espectacularidad, sino en lo que representa: la necesidad de recordar a quienes fueron borrados de la historia oficial durante décadas.

En una villa como Baiona, tan asociada al mar, a la llegada de la carabela Pinta y a la fortaleza de Monterreal, este lugar recuerda otra parte imprescindible del pasado local: la de las personas anónimas, las familias heridas y las marcas que la memoria dejó en la piedra.

Una curva que sigue hablando

A Volta dos Nove sigue siendo uno de los espacios de memoria más significativos del Val Miñor. Las cruces recuerdan a nueve hombres asesinados, pero también a quienes, durante años, se empeñaron en que aquel crimen no quedase sepultado por el silencio.

Porque hay lugares que no se visitan solo para mirar. Se visitan para entender.