El buey escondido en la muralla de Monterreal: el pequeño secreto de piedra de Baiona

El buey escondido en la muralla de Monterreal: el pequeño secreto de piedra de Baiona

La Fortaleza de Monterreal guarda un detalle poco conocido: un buey tallado en la piedra de la muralla que conecta con el antiguo Monte Boi y con la…

La Fortaleza de Monterreal guarda muchos capítulos visibles de la historia de Baiona: sus torres, sus cañones, sus tres kilómetros de muralla y las vistas abiertas a la ría. Pero entre tanta piedra monumental hay también un detalle discreto, casi un juego para quien pasea con calma: la figura de un buey tallada en uno de los sillares de la muralla.

No está en una gran portada ni preside ningún mirador. El buey aparece integrado en la piedra, como una pequeña pista patrimonial para quienes se detienen a mirar la muralla con paciencia.

Un secreto de piedra en la muralla

El llamado buey de Monterreal es una figura poco conocida incluso para muchos visitantes. Su presencia fue señalada por el Concello de Baiona como un atractivo patrimonial singular con motivo del 520 aniversario de la Carta Puebla concedida por los Reyes Católicos.

La propuesta tenía algo de reto visual: buscar el buey entre las piedras de la fortaleza, igual que en Salamanca se busca la famosa rana en la fachada de la Universidad. Aquí la recompensa no está en una leyenda universitaria, sino en descubrir uno de esos detalles que convierten un paseo histórico en una pequeña investigación.

Por qué hay un buey en Monterreal

La explicación conecta directamente con la identidad de Baiona. La fortaleza se levanta sobre la península conocida históricamente como Monte Boi o Monte Buey, un nombre anterior al de Monterreal.

Ese vínculo no quedó solo en la toponimia. El buey forma parte de la simbología tradicional de la villa y aparece también en el escudo de Baiona, asociado a ese monte fortificado que durante siglos protegió la población y la entrada de la ría.

Una firma anónima de cantero

La curiosidad tiene algo de firma escondida. Según la tradición recogida en torno a la muralla, algún cantero quiso dejar inmortalizado el buey durante una de las reconstrucciones o reformas de la fortaleza.

No lo hizo de forma solemne ni monumental. Lo dejó en una piedra integrada en la muralla, como si el símbolo de Baiona quedase escondido a la vista de todos. Ese gesto sencillo es parte de su encanto: no hace falta una gran placa para que una piedra cuente una historia.

Monterreal, mucho más que una fortaleza

Monterreal, tal y como se conserva hoy, fue configurándose entre los siglos XI y XVII, aunque el recinto amurallado de Monte Boi tiene una historia mucho más antigua. Por allí pasaron funciones defensivas, vida militar, ataques, reformas y, desde el siglo XX, el uso turístico vinculado al Parador.

En medio de todo ese peso histórico, el buey recuerda una parte más íntima del lugar: la relación entre el nombre del monte, la identidad de la villa y el trabajo artesanal de quienes levantaron sus muros.

Una curiosidad para mirar con calma

Quien recorra la fortaleza puede buscarlo como se buscan las pequeñas historias que sobreviven en la piedra. Porque en Baiona no todo está en los grandes miradores: a veces, la memoria aparece escondida en un detalle mínimo de la muralla.